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← Volver al día · 26 de junio de 2026

China rodea la IA estadounidense desde el Sur Global: la batalla por el liderazgo tecnológico en el Sudeste Asiático

El artículo publicado por The Wire China el 21 de junio de 2026, firmado por Alex Colville, examina la estrategia de China para expandir sus modelos de inteligencia artificial y sus estándares tecnológicos en el llamado Sur Global, con especial énfasis en el Sudeste Asiático.

El artículo publicado por The Wire China el 21 de junio de 2026, firmado por Alex Colville, examina la estrategia de China para expandir sus modelos de inteligencia artificial y sus estándares tecnológicos en el llamado Sur Global, con especial énfasis en el Sudeste Asiático. El reportaje utiliza tres países —Singapur, Indonesia y Malasia— como casos de estudio para evaluar hasta qué punto está prosperando esta ambición geopolítica y tecnológica de Pekín.

La imagen con la que arranca la pieza es elocuente: los largos corredores del aeropuerto internacional Soekarno-Hatta de Yakarta están tapizados de vallas publicitarias de Huawei y Alibaba, anunciando sus modelos de IA y sus asociaciones con empresas indonesias. Esta presencia visual no es casual; responde a una estrategia deliberada y articulada desde las más altas esferas del Partido Comunista Chino.

Uno de los datos más llamativos del artículo apunta a un vuelco radical en el ecosistema global de la inteligencia artificial de código abierto. Hace cuatro años, los modelos estadounidenses representaban el 60 por ciento de las descargas en Hugging Face, la principal plataforma online para modelos de código abierto. En noviembre de 2025, esa cifra había caído hasta el 16 por ciento. La razón central de ese desplome es el auge de las alternativas chinas de bajo coste, encabezadas por compañías como Alibaba (con su familia de modelos Qwen) y DeepSeek.

El factor económico es determinante. Mientras que los modelos estadounidenses de empresas como Anthropic u OpenAI son de código cerrado y requieren suscripciones costosas, los modelos chinos de código abierto pueden utilizarse y modificarse de forma gratuita, o bien accederse a través de interfaces de programación de aplicaciones (API) a una fracción del precio occidental. Tal como lo expresa Christian Guntur Lebang, del think tank Lab45 en Yakarta: aunque los desarrolladores indonesios consideran que Claude de Anthropic es un modelo de mejor calidad, «siempre elegirán el más barato».

El artículo introduce aquí una distinción técnica importante. El término «código abierto» (open source, o kai yuan en chino) es en realidad impreciso cuando se aplica a los modelos chinos. Los profesionales del sector prefieren hablar de modelos de «pesos abiertos» (open-weight), porque las compañías chinas publican los parámetros del modelo pero no sus datos de entrenamiento ni otra información nuclear. Las empresas estadounidenses tienden a proteger más celosamente todos estos ingredientes. Sin embargo, las licencias chinas suelen ser más permisivas y permiten a los usuarios modificar los parámetros, lo que en la práctica resulta muy útil para desarrolladores de países en vías de desarrollo.

La dimensión estratégica de esta ofensiva no escapa al artículo. En un discurso ante el Politburó en 2018, el presidente Xi Jinping habló del «efecto ganso líder»: quien encabeza el vuelo de la bandada controla su dirección, de la misma forma en que el país que lidere la IA forzará a los demás a seguirle. Para Pekín, el Sur Global —grandes naciones en desarrollo de Asia, África y América del Sur— es clave para materializar esa ambición. La analogía histórica que emplea el reportaje resulta reveladora: igual que la famosa estrategia revolucionaria de Mao Zedong de «rodear las ciudades desde el campo», China espera que su IA predomine sobre la estadounidense avanzando primero por la periferia. La comparación también evoca cómo la demanda del Sur Global permitió a China acumular los primeros superávits comerciales billonarios de la historia, incluso cuando las guerras comerciales de Donald Trump frenaban sus exportaciones a las economías más ricas.

En términos técnicos, los modelos chinos de código abierto presentan una ventaja cuantitativa notable. DeepSeek V4 presume de 1,6 billones de parámetros, frente a los 31.000 millones del Gemma 4 de Google. Esta diferencia de escala —los parámetros a menudo se comparan con las sinapsis cerebrales, y a más parámetros mayor capacidad teórica— permite a los desarrolladores de naciones densamente pobladas como Indonesia acceder a modelos capaces de tareas complejas a un coste mínimo. «Queremos el modelo más potente, y ahora mismo no hay ninguna oferta occidental de código abierto que lo iguale», afirma Tze Jin Shee, especialista en machine learning en Entermind AI, una consultora malasia.

El respaldo político es igualmente sólido. En la cumbre de líderes del APEC del año pasado, Xi prometió profundizar la cooperación tecnológica de código abierto con el resto del mundo. El nuevo Plan Quinquenal chino —adoptado en marzo de 2026— compromete al gobierno a acelerar el desarrollo de ecosistemas de código abierto. La política AI+ del Consejo de Estado argumenta que la IA no debe «convertirse en un juego para países y personas ricos». Los medios estatales chinos han difundido la narrativa de que la IA de código abierto ayudará a los países en desarrollo a trazar sus propios caminos tecnológicos sin depender de los sistemas «hegemónicos» de código cerrado —léase, estadounidenses—.

No obstante, el artículo señala signos de ambigüedad en el propio bando chino. Los últimos modelos de la familia Qwen de Alibaba han pasado a ser de código cerrado y solo accesibles mediante suscripción, lo que contradice el discurso oficial. La start-up MiniMax ha lanzado su último modelo de código abierto con una licencia diseñada para que la empresa reciba una parte de los usos comercialmente más rentables. Otros laboratorios chinos como Z.ai, Moonshot AI y DeepSeek mantienen por ahora sus estrategias de código abierto, pero la tendencia apunta a una tensión creciente entre los imperativos comerciales y la narrativa geopolítica.

En cuanto a la infraestructura física, la ventaja china en el Sudeste Asiático es real. Alibaba, Huawei y Tencent declaran haber construido 37 «zonas de disponibilidad» (Availability Zones) para sus infraestructuras de nube en seis regiones del Sudeste Asiático, frente a las 30 zonas en cuatro regiones que reportan Google, AWS y Microsoft. Una mayor densidad de zonas de disponibilidad implica mayor rendimiento, mayor disponibilidad y más usuarios potenciales. El año pasado Alibaba Cloud anunció la expansión de sus servicios en Malasia, Tailandia y Filipinas. La start-up Z.ai destacó el Sudeste Asiático como área focal de despliegue en 2025, y en la primera mitad de ese año obtuvo más ingresos de la región que de cualquier otro mercado fuera de China.

El reportaje dedica un análisis pormenorizado a las diferencias radicales entre los tres países estudiados. Singapur e Indonesia representan los polos opuestos del divide entre los «haves» y los «have-nots» del AI en el Sudeste Asiático.

Singapur disfruta de un sólido apoyo gubernamental, una densa reserva de talento técnico y una concentración de centros de datos de baja latencia. AI Singapore (AISG), iniciativa respaldada por el Estado, ha ajustado finamente modelos de código abierto de Alibaba, Google y Meta para mejorar su comprensión de las lenguas, sociedades y culturas del Sudeste Asiático. La start-up Alteredverse, que usa IA para crear mundos virtuales y personajes inteligentes, estima que el uso de servidores de Alibaba Cloud ha reducido sus costes entre un 70 y un 80 por ciento. Su CEO, Alvin Yap, calcula que cerca de la mitad de los desarrolladores de IA en Singapur están probando tanto modelos chinos como occidentales; la otra mitad usa exclusivamente modelos occidentales. La empresa emplea Claude Code para escribir software, pero recurre a los modelos Qwen para desarrollar personajes de IA con los que los usuarios interactúan en mundos virtuales, porque los consideran más «personalidad».

Otras compañías chinas como iFlytek, desarrolladora de software de IA, están llegando masivamente a Singapur para vender sus aplicaciones. En el GITEX AI ASIA, celebrado en abril de 2026 en el Marina Bay Sands, iFlytek exhibió gafas de IA que sus clientes corporativos utilizan para escanear documentos financieros. Los perros robot de DEEP Robotics, con sede en Hangzhou, también desfilaron por los pasillos de la feria; la compañía ha vendido sus robots cuadrúpedos a Certis, una empresa de seguridad singapurense.

Indonesia presenta un panorama radicalmente distinto. Existe un vacío político e institucional que debería, en teoría, abrir oportunidades para las empresas chinas de IA, pero que en la práctica frena cualquier avance serio. El gobierno indonesio ha externalizado la creación del marco estratégico para la IA nacional a una organización no gubernamental, Korika. El país carece de regulaciones claras y aplicables en materia de IA; varios departamentos gubernamentales han anunciado sus propios planes de gobernanza, generando una fragmentación que dificulta a las empresas tecnológicas elaborar estrategias propias. La hoja de ruta centralizada para el desarrollo de la IA ha sido pospuesta en repetidas ocasiones.

El contexto político agrava el problema. El año pasado la joven administración del presidente Prabowo Subianto fue sacudida por violentas protestas motivadas por el alza del coste de vida y el desempleo. En ese contexto, una de las prioridades de Prabowo es un programa de comidas escolares gratuitas que podría costar hasta 1,2 billones de rupias (69 millones de dólares) al día. Para comparar: el presupuesto anual de la agencia nacional de investigación científica y tecnológica, que supervisa infraestructuras críticas de IA como la construcción de un Centro Nacional de Supercomputación para IA, es de unos 12 billones de rupias. La controvertida procesión judicial del ex ministro de educación Nadiem Makarim —figura progresista— por un presunto contrato de adquisición corrupto ha proyectado también una sombra sobre el sector tecnológico del país.

Lebang, del think tank Lab45, estima que menos del 10 por ciento de las empresas tecnológicas indonesias están usando IA. Un socio de Huawei Cloud en Indonesia, Paratekno, ha captado entre 60 y 80 clientes para los servicios de computación en la nube del gigante chino, pero solo diez han expresado interés en usar modelos de IA. Damar Juniarto, fundador del instituto de investigación PIKAT Demokrasi, señala que ninguno de los estudiantes universitarios con los que trabaja en diez universidades indonesias usa Qwen o DeepSeek de forma habitual; todos recurren principalmente a ChatGPT para tareas relativamente simples. Representantes de Alibaba le contactaron a través de la Sociedad Indonesia de IA y le ofrecieron formación gratuita y tokens en el modelo Qwen, pero solo para personal universitario e investigadores.

Un representante de un gran conglomerado tecnológico chino, que pidió el anonimato, confesó que no cree que su empresa vaya a lograr avances significativos en Indonesia, dado el deficiente marco regulatorio y la escasa demanda de los consumidores. Lo comparó con «tirar un cubito de hielo en una olla caliente».

Malasia, en cambio, ha demostrado ser terreno mucho más fértil para la IA china. El año pasado el gobierno provincial de Guangxi invirtió 10.000 millones de yuanes (1.400 millones de dólares) en el Centro de Cooperación en Aplicaciones de IA China-Malasia, una empresa conjunta situada en las afueras occidentales de Kuala Lumpur. El socio malayo es Zetrix, una empresa de tecnología blockchain. Xi Jinping, durante una visita a Guangxi en 2023, indicó que esa provincia —fronteriza con Vietnam— debía jugar un papel pivotal en la integración de China con el Sudeste Asiático mediante la IA. El gobierno de Guangxi resume el proceso con cierta condescendencia como: «I+D en Pekín, Shanghái y Guangzhou; integración en Guangxi; y aplicación en la ASEAN».

El showroom del centro en Kuala Lumpur exhibe productos de IA de Alibaba, DeepSeek y Huawei. Entre los modelos de lenguaje destacados figura NurAI, descrito como una colaboración entre DeepSeek y Zetrix y presentado como «el primer LLM del mundo alineado con la sharía», una referencia al sistema legal islámico que opera en paralelo con los tribunales de Common Law malayos. En vídeos promocionales, Zetrix define al LLM como distinto de los «sistemas de IA convencionales construidos sobre datos seculares occidentalocéntricos», con aportaciones de eruditos islámicos de Malasia, Indonesia y Egipto. Fue lanzado en agosto por el viceprimer ministro de Malasia, Ahmad Zahid Hamidi.

El artículo examina cómo responde NurAI a preguntas sensibles, y el resultado no sorprende: ante consultas sobre los derechos LGTBQ en Malasia, el modelo responde que quienes forman parte de esa comunidad deben «acercarse a Alá y encontrar el camino de vuelta a la naturaleza original de la creación humana». Más revelador aún, NurAI responde preguntas sobre las controvertidas políticas del gobierno chino hacia los musulmanes uigures en Xinjiang de formas que se alinean con las justificaciones oficiales de Pekín. Esto ilustra cómo los modelos de IA pueden convertirse en instrumentos de proyección narrativa e ideológica, camuflados bajo la etiqueta de «soberanía digital» o «alineación cultural».

En mayo del año pasado, la viceministra de comunicaciones de Malasia, Teo Nie Ching, anunció que el país adoptaría los chips GPU Ascend de Huawei y utilizaría DeepSeek como «LLM soberano de código abierto» para Malasia. Solo dos días después, el ministerio de inversión, comercio e industria declaró que ese proyecto no había sido refrendado ni revisado por el gobierno. Esta incoherencia entre departamentos es sintomática, según Lee Chee Leong, profesor de relaciones internacionales en el Instituto de Estudios Chinos de la Universidad de Malaya: «Tenemos algunos ministerios intentando promover la IA y otros intentando regularla. No entiendo por qué no están en el mismo grupo de WhatsApp».

A pesar de estas fricciones internas, la estrategia oficial de Malasia parece ser la de no elegir bando. El gobierno malayo quiere construir dos ecosistemas de IA separados y paralelos, uno liderado por Estados Unidos y otro por China, desde los semiconductores hasta la infraestructura de IA, con el objetivo de «cosechar los beneficios industriales y económicos de ambos ecosistemas». En el presupuesto nacional de Malasia para 2026, Google, Microsoft y Amazon Web Services aparecen como las principales empresas involucradas en la construcción de infraestructura y programas educativos de IA, sin mención alguna a compañías chinas. Al mismo tiempo, el ministerio de IA —formalmente llamado «Ministerio de lo Digital»— amplía una suite de productos de Google.

Esta estrategia del «no elegir» es coherente con la posición tradicional de muchos países del Sudeste Asiático en materia de geopolítica: maximizar la autonomía evitando compromisos exclusivos con ninguna superpotencia. Para Foong Chee Mun, CEO de YTL AI Labs —unidad de YTL, un conglomerado malayo de infraestructura y utilities que en 2023 se asoció con Nvidia para desarrollar infraestructura de IA en el país—, el código abierto es atractivo precisamente porque «es algo que puedes controlar», sin depender de los caprichos de un proveedor extranjero, sea americano o chino.

El artículo introduce también una reflexión sobre el futuro arquitectónico de la IA que matiza la aparente rivalidad binaria. El futuro de la IA reside en los sistemas multi-agente que combinan productos de IA de diferentes compañías, donde cada uno trabaja en una parte discreta de un proyecto mayor. En este paradigma, los modelos chinos y estadounidenses no son necesariamente rivales excluyentes; pueden colaborar dentro de la misma cadena de trabajo. Esto reduciría la presión sobre los países en desarrollo para «elegir bando» y podría desactivar parcialmente la narrativa de la guerra tecnológica total.

Las preocupaciones de seguridad occidentales sobre los modelos chinos —que podrían estar comprometidos por la censura o contener vulnerabilidades explotables por el gobierno chino— tienen escaso eco en el Sudeste Asiático. Algunos actores de la región argumentan que la IA americana es «igual de mala» desde una perspectiva de privacidad y soberanía de datos. Este escepticismo simétrico hacia ambas superpotencias tecnológicas refuerza la postura del «no elegir» y deja un espacio abierto que China está intentando ocupar con precios bajos, infraestructura local y narrativas adaptadas a las sensibilidades culturales y religiosas de cada mercado.

En síntesis, el artículo retrata una partida de ajedrez tecnológico-geopolítico en la que China avanza con coherencia estratégica —precios, infraestructura, modelos culturalmente adaptados, respaldo estatal— mientras la respuesta occidental sigue siendo más reactiva que proactiva en la región. El Sur Global no es un bloque homogéneo: las diferencias entre Singapur, Malasia e Indonesia son abismales en términos de capacidad técnica, madurez institucional y apetito inversor. Pero en todas partes la ecuación precio-prestaciones de los modelos chinos de código abierto está generando tracción real, y la infraestructura de nube china sigue creciendo. La batalla por el «efecto ganso líder» en la IA global está lejos de estar decidida, pero China ha logrado convertir el Sur Global en un frente activo de competencia, arrebatando terreno que hace apenas cuatro años parecía dominio natural de Silicon Valley.

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