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← Volver al día · 27 de junio de 2026

OpenAI escalonará el lanzamiento de GPT 5.6 a petición del gobierno de Trump

OpenAI lanza GPT 5.6 solo para un grupo reducido de socios de confianza tras una petición del gobierno de Trump, en un movimiento que replica lo ocurrido con el modelo Mythos de Anthropic. Sam Altman reconoce el malestar de la compañía con el proceso, pero lo acepta como 'paso a corto plazo' para lograr una distribución más amplia en semanas.

Por The Guardian · 26 de junio de 2026.

OpenAI ha anunciado el lanzamiento de su nueva serie de modelos GPT 5.6 de forma escalonada, comenzando únicamente con un grupo reducido de socios considerados de confianza y cuya identidad ha sido compartida con el gobierno estadounidense. La decisión no fue voluntaria: la compañía actuó a petición expresa de la administración Trump, a través de dos organismos federales —la Oficina del Director Nacional de Ciberseguridad (ONCD) y la Oficina de Política Científica y Tecnológica (OSTP)—, que solicitaron esta implementación gradual como condición previa a cualquier despliegue más amplio.

El propio Sam Altman comunicó la situación a los empleados de la empresa en un memorando interno, obtenido por The Information, en el que explicó que el gobierno aprobaría el acceso «cliente por cliente» durante este período de prueba, con la previsión de una liberación general «un par de semanas después» si el proceso transcurría sin incidentes. Altman dejó claro que esta situación no es la que la compañía habría preferido: «Hemos dejado claro al gobierno de Estados Unidos que este no es nuestro modelo preferido a largo plazo, y trabajaremos con ellos y con otros actores de la industria para lograr un enfoque más sostenible para futuros lanzamientos».

En el blog oficial, OpenAI fue aún más explícita en su malestar, señalando que este tipo de proceso de acceso gubernamental mantiene las mejores herramientas de IA lejos de «usuarios, desarrolladores, empresas, defensores cibernéticos y socios globales que las necesitan». Sin embargo, la compañía calificó este paso como la «vía más sólida» para lograr una disponibilidad más amplia en las próximas semanas, mientras trabaja con la Casa Blanca en el desarrollo de un marco de verificación y despliegue para nuevos modelos, tal y como exige una orden ejecutiva firmada recientemente por el presidente Donald Trump.

El paralelismo con Anthropic es notable. La empresa rival había protagonizado un episodio similar con su modelo Mythos: primero retrasó voluntariamente su lanzamiento masivo y, posteriormente, el gobierno estadounidense ordenó a la compañía que impidiera el acceso a versiones públicas del modelo a ciudadanos extranjeros, dado que posee capacidades avanzadas de ciberataque. Según el organismo de seguridad de IA del Reino Unido, Mythos representa «un paso adelante» respecto a los modelos de vanguardia previos. La diferencia clave es que Anthropic actuó en un primer momento por iniciativa propia, mientras que en el caso de OpenAI la intervención gubernamental fue explícita y directa desde el principio.

La presión federal no se limitó a los dos organismos mencionados. Según The Information, Howard Lutnick, secretario de Comercio de Trump, intervino personalmente llamando a Sam Altman para exigir aprobaciones adicionales de otras agencias, oponiéndose incluso a un lanzamiento limitado. Este nivel de implicación de alto rango subraya el grado de escrutinio al que están siendo sometidos los modelos de IA más avanzados por parte de la administración estadounidense.

En cuanto a las características técnicas de GPT 5.6, el modelo se presenta en tres variantes: Sol, descrita como la «más potente de la suite» y el «modelo más potente de OpenAI hasta la fecha»; Terra, con prestaciones ligeramente inferiores pero menor coste para los usuarios; y Luna, la versión de coste más reducido. OpenAI ha precisado que Sol no supera el «umbral ciber crítico» definido en su marco interno de evaluación de capacidades peligrosas de IA, y que el modelo es «mejor para ayudar a la gente a encontrar y corregir vulnerabilidades que para llevar a cabo ataques de extremo a extremo de forma fiable». Esta distinción es relevante dado el contexto de preocupación gubernamental por las capacidades ofensivas en ciberseguridad de los modelos más avanzados.

En lo relativo al acceso geográfico, todas las entidades que recibirán GPT 5.6 en esta fase inicial serán de base estadounidense. No obstante, OpenAI indicó que espera incorporar socios extranjeros la semana siguiente, y que los empleados de las empresas beneficiarias que trabajen desde el extranjero en «países compatibles» —entre los que se incluyen el Reino Unido y Australia— también tendrán acceso al modelo.

Este episodio se enmarca en un cambio de postura significativo por parte de la Casa Blanca en materia de IA. Este mes, Trump firmó una orden ejecutiva para crear un marco voluntario que permita al gobierno federal evaluar los nuevos modelos de IA más potentes antes de su lanzamiento al mercado. El giro contrasta con el discurso inicial de la administración: apenas el año pasado, el vicepresidente JD Vance había advertido de que «la regulación excesiva del sector de la IA podría matar una industria transformadora». El cambio de posición refleja la creciente preocupación por las implicaciones de seguridad nacional de los modelos de última generación, especialmente en lo referente a sus capacidades en el ámbito del ciberespacio.

Como contexto del sector, la tensión entre la velocidad de desarrollo de los grandes laboratorios de IA y la capacidad de los gobiernos para evaluar y mitigar riesgos es una de las líneas de fricción más relevantes del momento. La solicitud del gobierno de Trump a OpenAI —y los precedentes con Anthropic— sugieren que la administración estadounidense está construyendo, de facto, un sistema de revisión previa al lanzamiento para los modelos más avanzados, aunque por ahora bajo un paraguas voluntario. La pregunta que queda abierta es si este esquema informal se convertirá en regulación vinculante, y qué implicaciones tendría eso para la competitividad de las empresas estadounidenses de IA frente a actores globales no sujetos a las mismas restricciones.

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